La Vaca

Ya no vive. No la enceguece la imposibilidad de alumbrar. No se mueve.
No ha podido dar a la vida lo que traía tan dulce peso hasta ahora.
Acompañada de sus hermanas, en la noche, la vaca ha muerto.
Ahora es inmensa, marrón, achocolatada. Por dentro rellena de entraña,
de aire, de muerte. Asomándole, a medio nacer, también muerto, el
ternero del mismo color, el mismo destino que ella. Los dos con la
entintada lengua de mugir afuera.
Había mirado al despertar las fantasmales vacas paciendo, seres de
otro mundo, la niebla del pasto. Tal vez al otro lado del sueño, ella,
la ahora muerta, había mugido con desesperación que le partía la
entraña y no podía. Y a más gritar, más replicar de las otras en su
coro de almas condenadas.
He esperado a hoy para verlos elevarse a lo alto del camión de
cadáveres: el becerro colgando, tirando de ella como un fardo oscuro.
Pienso en ellos. Bailan sus ojos muertos en los míos, bailan sus
pupilas en las mías que apenas conocen la vida. Pero no es ciega la
vaca, ni arisca ni mansa; no es lista, tampoco tonta. Solo que ya no
pasea la niebla a la espera de un alumbramiento.
Ayer, mancha marrón en el místico prado de la vida. Despojo, hoy, al
encuentro de su nada.


Valentín Claveras

Nace en Zaragoza. Los estudios de Técnico de Empresas Turísticas lo llevan a Mallorca, ámbito donde desarrolla el trabajo que lo acercará a Fuerteventura. Ha colaborado en libros colectivos: “Desde aquí”, “Fuerteventura bajo la luz de las horas”, “Lo personal y lo poético”. Por encargo del Cabildo escribe el cuento “El hombre de la bicicleta”, germen de la novela “Nieve y arena”. Actualmente da forma y contenido a “Fragmentos”, libro de textos breves.


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